Dos ilustres catalanes: político de altos vuelos uno, consagrado dramaturgo el otro.
El antiguo consejero de Gobernación de la Generalitat, y actual hombre fuerte de la organización interna de ERC, se ha despachado recientemente con unas pavorosas declaraciones según las cuales el grupo terrorista Terra Lliure habría servido para “despertar conciencias”. Añadiendo, además, a modo de macabra apostilla, que “el proceso de paz fue bueno porque no supuso una derrota política”, y que “la lucha continúa y la victoria sigue siendo posible”.
Poco o nada parece haber impactado en Vendrell el dictamen del Consejo Audiovisual de Cataluña calificando de “sesgado” el documental sobre Terra Lliure emitido hace escasas fechas por TV-3. Nada detiene a este macho alfa del nacionalismo criminaloide.
Paradigma de la templanza, la racionalidad y el respeto hacia los derechos humanos, Vendrell no cambia. Tampoco se le espera.
Boadella, por su parte, acaba de ser premiado con el Premio Espasa de Ensayo. El dramaturgo ha sido quizá el más señero de los proscritos por el asfixiante nacionalismo catalán.
El autor, entre otros, de “Adiós a Cataluña” o del “Manifiesto de un traidor a la patria”, se ha pasado la mayor parte de su vida riéndose de generales, obispos, dictadores, o presidentes. Sigue pagando un caro precio por ello.
Donde reinen los Boadellas jamás cabrán los Vendrells. Donde el poder sea ostentando por los Vendrells, nunca tendrán sitio los Boadellas.
En fin, elijan ustedes. La elección para mí ofrece pocas dudas.
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